Doña Tota quiere a su hijo en Boca!!

FUTBOL 10 de junio de 2019 Por
“Lo llamé 500 veces para ver si era cierto”
latota bostera
la tota es de boca

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Fanática de Boca, la mamá de Salvio sueña con ver al nene con la azul y oro, aunque sabe que es difícil. Por el Toto hasta llegó a dormir en una plaza. Conocé a la Tota...

"Cuando escuché la noticia de que Toto podía venir a Boca, lo llamé 500 veces para ver si era cierto. Es que toda mi familia es fanática de Boca, y como yo soy la que más habla con él, me volvieron loca para que le preguntara. A mí me encantaría que se dé, pero no sé si es momento. Él tiene 28 años, puede seguir triunfando allá. Yo voy a apoyarlo en lo que él decida...”.

Cuenta la leyenda que allá por 2008, cuando Eduardo Salviocomenzaba a ser noticia por sus goles en la Primera de Lanús, Luis Zubeldía no era su único DT. Tota, su mamá, era algo así como su consejera oficial. Ella, que lo había acompañado desde Infantiles, lo conocía como nadie. Y si bien el Toto la descosía como volante por derecha, ella quería que el nene jugara de 9, que fuera el goleador del equipo por más que allí estuviera el Pepe Sand. Entonces Zubeldía no tuvo más remedio: lo convenció de que su potencial lo llevaría a jugar en la Selección, y que le resultaría más sencillo pelearle el puesto a Lavezzi, el titular como wing, que a delanteros de área como Pipa Higuaín y el Kun Agüero.

Hace pocos días, Tota vio reflejada esa historia en las redes sociales y al toque se le dibujó una sonrisa. Al final Zubeldía tenía razón (Salvio fue al Mundial como carrilero por derecha), aunque para ella Toto será siempre el mejor en todos lados. “Bostera a morir”, como se define en su biografía de Twitter, la mamá del refuerzo que quiere Alfaro no pierde la esperanza de ver a su bebé con los colores que tanto ama.

-Mirá si viene después de tanto sacrificio...

-En casa luchamos mucho para que Toto llegara a ser lo que es. No era el único hijo, tiene seis hermanos, pero siempre tuvo un poco de privilegios porque jugaba al fútbol. Le comprábamos zapatillitas, pantaloncitos... y quizá los hermanos quedaban atrás. En un momento no pudimos llevarlo más y ahí el club Lanús me dio una mano: trabajé en los vestuarios de la pileta y los domingos vendía entradas para la cancha. Mi esposo, además, era el canchero.

-Siempre a su lado.

-No me perdía una sola práctica. Cuando Eduardo tenía 11 años, jugó un torneo en Lobos y Lanús pasó a la final, que se jugaba al día siguiente. Como no podía pagarme un hotel, pasé la noche en una plaza, con tanta mala suerte que se largó una tormenta y me tuve que cruzar al techito de una Iglesia. Toto salió campeón y yo me traje una neumonía de aquéllas.

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